
+ Fotografía: Virginia Buendía Mayor (@almadeambulante
Miedo, traición y envidia.
El amor y la amistad
secuestrados por la avaricia.
Dóciles y callados.
Ovejas que siguen al rebaño.
No sé de qué me extraño
si tras cada generación
retrocedemos un eslabón
de la evolución.
Generación del FAV y el RT
¿Dónde quedaron todas esas tardes de “beat”?
Políticos y banqueros
tienen recluida a la libertad.
Enciende la tele:
te han vuelto a robar.
No es casualidad
ni suerte;
cada expiración
anuncia una prematura muerte.
Hace un par de meses
que perdí la inspiración.
Hoy escribo
para que cicatricen
las heridas del corazón.
Colocones, borracheras y complejos.
Hace tiempo que perdí el miedo
a no llegar a viejo.
Qué le voy a hacer
si soy más poeta que persona
y eso
lo aprendí de ti.
Ya lo dijo Benedetti:
“Roma al revés es la misma ruina”.
Me he fallado tantas veces
que lo he convertido en rutina.
El alcohol sana
pero no saca la espina.
Tortura.
El hueco de mi colchón
ocupado
por pasajeras inoportunas.
Ríos de sudor y gemidos
arrojándose al vacío.
En pleno agosto
y muriéndome de frío
sin su abrigo.
Me he metido en mil movidas por mis hermanos.
Lo mismos
que me apuñalaron por la espalda
con descaro.
Cuando todo se tiñó de negro
lo fui viendo claro.
Mi única profeta es mi madre.
Mi religión, los callos de sus manos.
Depresiones y borracheras desmedidas.
Me coloqué mi propia corona de espinas.
Lo digo con orgullo,
no con descaro,
si fui yo quien eligió
no seguir la luz del faro.
Mis sueños de cambiar de vida
son como el naufrago
que desea pasar toda su vida
a la deriva.
Tengo una perdida de un tal “Dios”.
Quería escuchar por última vez mi voz.
La pasión secuestró a la razón.
Pide a gritos que la desate.
Poco puede hacer el peón
que siempre soñó con hacer jaque mate.
Fui por la vida
con demasiada prisa.
Olvidé que la mejor pornografía
siempre fue su sonrisa.
No hay otra opción
nunca tuve demasiado claro mi papel.
Aprendí lo que es un amigo
gracias a Miguel.
Pisando a fondo
en la autovía
de esta distopía
que es la vida.
No me dejes caer,
huiremos del sol.
Nosotros elegiremos
ver amanecer.
Hay que predicar con el ejemplo.
El soñador es dueño de sus pasos.
Que no existen los imposibles,
solamente el miedo al fracaso.
Me reinvento
y no miento
si soñé con cambiar de rumbo
y que ella fuese mi rosa de los vientos.
Confía en lo que te digo
si solo me arrodillaré para rezar
si tengo mi frente
a la altura de tu ombligo.
Nadir