El Cine de Superhéroes II: Escapismo y crítica

Pablo Tornel

Una película como Fresas Salvajes (1957), de Ingmar Bergman, se podría rodar hoy en día. Sin embargo, ¿se estrenaría en salas de cine o moriría en plataformas de streaming para aficionados al séptimo arte, como Filmin? Probablemente ocurriría la segunda opción. Según un estudio realizado por Bo Mcready para la Universidad de Madison (EE. UU.) la audiencia ha ido perdiendo el interés en películas dramáticas, en favor de los géneros de acción y terror.

Hoy en día estamos viviendo tiempos de una gran incertidumbre. El cambio climático, los alquileres abusivos, inestabilidad política y social, la gentrificación y durante el último año, una pandemia global que se ha llevado la vida de más de 2 millones de personas, y que desgraciadamente, continúa haciéndolo. Estas son razones de peso por las que alguien querría evadirse durante dos horas, comer palomitas y olvidar el mundo de afuera. Puede que lo que busque la gente en las películas de superhéroes sea seguridad. Seguridad que no encuentran en el mundo real, y sí lo hacen en un grupo de enmascarados con superpoderes capaces de salvar al mundo una y otra vez. Es preocupante la necesidad, sea consciente o sea inconsciente, de unos superiores con autoridad y poder que nos protejan a toda costa. En nuestra infancia esa figura la representaban nuestros padres, los cuáles nos salvaban de todo y nos evitaban enfrentarnos indefensos a un mundo tan hostil y peligroso. Nosotros a cambio solíamos obedecer.

A priori, después de alcanzar la madurez no estamos tan indefensos, por lo que no requerimos de esa sobreprotección. Podemos tomar nuestras propias decisiones y vivir conforme a nuestros ideales. A cambio, adquirimos cada vez más responsabilidades. Sin embargo, con las películas de superhéroes la gente está volviendo al pasado, a la indefensión. Huyen de sus problemas y responsabilidades para escapar a una realidad mágica, ideal e inexistente. Una utopía en la que pase lo que pase todo saldrá bien. Cada vez menos películas nos ponen un espejo enfrente para mostrarnos la realidad. En su lugar, cada vez más son una ventana hacia una irrealidad prometedora y siempre esperanzadora, positiva pero radicalmente falsa e imposible.

Cuando estas películas-refugios son sometidas a críticas se puede ver como el fenómeno fan ha llegado a más, al conocido fenómeno “stan”. Según el diccionario de Cambridge un “stan” es un individuo que admira a un cantante u otra persona famosa, hasta un punto que llega a ser inusual. Esta definición también se puede ampliar a empresas y multinacionales, como por ejemplo Disney. Estos fans extremos consumen de manera obsesiva todo lo que tenga que ver con su admirado o admirada, sea de mejor o peor calidad, sin atender a un sentido crítico. En el caso que nos ocupa, Marvel (Disney) y DC son unas de las multinacionales “privilegiadas” en contar con “stans”. Estos defienden sus películas a capa y espada, independientemente de si las críticas son meras opiniones o argumentos razonables y objetivos.

En el fútbol, los aficionados de un equipo pueden llegar a ser más críticos con este que los “stans” con sus películas, cantantes y empresas. Este extremismo es preocupante. Por el camino que se está siguiendo es probable que un futuro haya pocos amantes del cine y muchos amantes de Marvel, DC, Disney y Netflix. En lugar de amar el fútbol, ser ultra de un equipo y solo ver sus partidos. Esto, sumado a los intentos de Disney de monopolizar el sector audiovisual con sus numerosas compras, puede cambiar el cine tal y como lo conocemos sin que este tenga un margen para dar marcha atrás.

Ojalá no ver el día en el que las salas de cine estén copadas por el mismo tipo de película, un tipo que se consuma no por gusto, sino por ser una vía de escape o un nuevo gol de tu equipo. En cambio, ojalá se pueda ver una cartelera variada y nutrida en la que quepan todo tipo de películas, desde el puro entretenimiento hasta el cine más experimental y artístico. En el peor de los casos, las salas de cine desaparecerán y será mandatorio suscribirse a Disney Plus, Netflix y compañía.

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