Otra ronda

Pablo Tornel

Título original: Druk aka 

Año: 2020

País: Dinamarca

Dirección: Thomas Vinterberg

Guion: Tobias Lindholm, Thomas Vinterberg

Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen

Reparto: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang, Lars Ranthe

El consumo de alcohol es algo generalizado en la mayor parte del mundo. Según científicos de Santa Fe College, Estados Unidos, nuestros ancestros primates empezaron a consumir alcohol en el momento en el que descendieron de los árboles y adaptaron su vida al suelo, hace 10 millones de años. Es una práctica generalizada, y en países como España y Dinamarca, muy común.

De hecho, científicos de este último fomentan su consumo argumentando que puede generar beneficios para el organismo y prevenir ciertas enfermedades como la diabetes. Esta película parte de una premisa parecida, solo que en lugar de buscar el bienestar de su organismo persiguen mejorar su vida en general. La película gira en torno a cuatro profesores de instituto que se embarcan en un experimento psicológico en el que cada uno de ellos deberá mantener una tasa de alcohol constante del 0,05% durante su jornada laboral, intentando demostrar que este consumo regular puede mejorar su vida en todos los aspectos.

La cinta de Thomas Vinterberg destila muchas cosas, pero sobre todo que el director danés lleva sin probar el alcohol mucho tiempo. Pese a que sus escenas de euforia y declive llenas de música diegética, movimiento y desenfoque, las situaciones y conversaciones entre los cuatro amigos son artificiales y nada creíbles.

Este es un problema común al que se enfrentan guionistas y directores al plasmar las bromas internas y confianzas que se dan en un grupo de amigos longevo. Como ocurre en la olvidable Matthias & Maxime (2019) de Xavier Dolan, los diálogos son falsos y poco genuinos. Es difícil mostrar una complicidad propia de cada grupo y sus distintos individuos.

Sin embargo, sus aciertos pesan más que sus fallos. El alegato ambiguo que Vinterberg realiza sobre el alcohol no es tópico y obvio como el de otras cintas de temática similar. Ni es una celebración cínica sobre las bebidas espirituosas ni lo contrario. En la película se contemplan las dos caras de la moneda.

A través del simbólico dolor de espalda que sufre el personaje genialmente interpretado por Mads Mikkelsen, que le impide bailar como cuando era joven, muestra como el alcohol puede relajar, desinhibir y aumentar la confianza de uno. Pasar de ser un adulto invisible de vitalidad desaparecida, a ser una persona más amable, viva y plena. También muestra su cara más dura, más oscura. No obstante, y pese a las primeras impresiones, su final no es ni impreciso ni indeterminado. Queda clara la reflexión final del director danés y no deja que cada uno saque sus propias conclusiones. El alcohol es recomendable. Permite superar los “dolores de espalda” presentados a cada persona de manera distinta.

Lo dice alguien que no bebe.

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