Raúl García
Ayer domingo, Nadal jugaba su primera final de este año (era solo su tercer torneo en lo que iba de temporada tras el Open de Australia y el Masters 1000 de Montecarlo, en ambos perdió en cuartos de final) y llegaba un torneo para él muy especial, uno de los que más veces ha ganado y que ostenta el récord de haber ganado más veces un mismo ATP 500 (también en GS y en M1000), ante un rival que venía enrachado, y que fue el verdugo de Nadal en el Open de Australia de este mismo año.
Nadal, ni mucho menos, llegaba en las mejores condiciones ni con las mejores sensaciones, va camino de los 35 años, y llevaba mucho tiempo sin jugar (desde el AO hasta Montecarlo no jugó nada), aparte, aunque había una progresión evidente con respecto al M1000 monegasco, y también, con respecto al comienzo de este Conde de Godó de Barcelona, el griego Tsitsipas venía en racha sin duda, siendo el tenista del momento ahora mismo, después de ganar en Montecarlo y de haber llegado a la final de este ATP 500 de Barcelona, sin ceder ni un set en ambos torneos.
Pero a los “perros viejos” (Nadal, Federer y Djokovic) hay que matarlos muchas veces para ganarle los partidos.
No sería una tarea fácil, y no lo fue. Nadal venía de ganar en 3 sets a Ivashka, que venía de la previa, a un Nishikori en horas bajas también en 3 sets, en cuartos a Cameron Norrie (con quién ya se vio las caras en Australia) donde sí ganó en 2 sets el español, y finalmente, contra su compatriota Pablo Carreño (que Nadal le había ganado los 7 partidos que habían disputado entre ellos) también acabó venciendo en 2 sets más o menos plácidos.
Este era el camino de Nadal, que había ido subiendo su nivel y progresando conforme avanzaba de ronda, pero en la final esperaba ya un tenista que, viendo las circunstancias de ambos, casi casi era el favorito en ese momento.
El español no comenzó muy bien el partido, le ha costado arrancar en más de una ocasión en esta temporada, y ayer no iba a ser la excepción, perdió su servicio muy pronto y el griego gozó incluso de una bola de doble break, que hubiera dejado el set finiquitado.
El plan era más o menos claro, Nadal intentaba hacerle daño al griego con bolas altas y profundas sobre su revés, machacando esa zona, e intentando invertirse de derecha cuando pudiera, abriendo ángulos que hicieran moverse a Tsitsipas bastante, mientras que el griego, ayudado muchas veces de un gran primer servicio (algunos de ellos hasta de 220 km/h) se metía en pista e intentaba hacer puntos más cortos, subiendo más de una y de dos veces a la red, también gracias a las dejadas que hacía, cuando Nadal estaba por detrás de la línea de fondo.
El partido avanzaba en el 1 set con ventaja de Tsitsipas, pero Nadal supo aguantar hasta que le hizo el break en la primera oportunidad que tuvo, con 4-3 en el marcador, igualando a 4-4 y sacando ahora él, para ponerse otra vez por delante.
Sufrió mucho el español para confirmar el break, Tsitsipas gozó de dos bolas de break que Nadal salvó gracias a dos buenos saques, que sería irregular durante el partido, conectando buenos primeros a la par que se enredaba mucho a veces en los juegos, aunque mejor que en los anteriores partidos.
El griego se puso algo nervioso cuando servía para poner el 5-5, y Nadal no desaprovechó hasta las 3 bolas de set que tuvo para hacerse con el primer set por 6-4, un set que se le había puesto cuesta arriba y que estuvo cerca de casi perder. Pero no por nada lleva el español desde 2015 sin perder una final (de cualquier torneo) en tierra batida. En el Godó nunca había perdido ninguna.
El segundo set comenzaba exactamente igual, con break del griego muy pronto, y seguiría más o menos con el mismo guion, solo que estaba vez Rafa rompería al griego para poner el 3-3 (cabe recordar que le habían roto el servicio solo una vez en todo el torneo). El partido avanzaba con ambos sacando sus juegos al servicio, hasta que Nadal se puso 5-4 y tuvo dos bolas de campeonato.
El griego salvaría esas dos bolas de partido, gracias a un gran smah y a una gran volea, y acabaría sacando ese juego con muchísimo sufrimiento.
El set olía a tie-break, y así fue. Nadal incluso gozó de un mini-break antes de irse a sentarse, con un 4-2 a favor, tenía ahora dos saques para tener varias bolas de partido, pero el griego no había dicho su última palabra y acabarían ambos yendo otra vez a sentarse con un 6-6 en el tie-break, solo que, a la vuelta, y gracias a una doble falta del balear, no perdonaría la bola de set el griego con su saque, que mandaba Nadal a la red.
El partido llegaba al 3 set, y la tensión y el ambiente que se respiraba en la pista parecía más de un M1000 que de un ATP 500. Nadal había tenido dos bolas de partido al resto, pero no las había aprovechado. Tampoco aprovechó la ventaja en el tie-break cuando iba a sacar él.
Tsitsipas ahora supo resistir las embestidas del español y se había ganado que hubiera un tercer set, que fue casi casi cómo lanzar una moneda al aire y que cayese cara o cruz.
Ambos alternaban juegos fáciles con su saque, como varios 40 iguales conforme iba avanzando el definitivo set, eso sí, ninguno conseguía tener esta vez ni una bola de break.
Hasta que se llegó al 4-5 para el griego, y sacando Nadal, donde el heleno gozaría de su primera (y última) bola de partido, pero al resto, que acabó “salvando” Nadal gracias a que su revés paralelo no llegó a quedarse en la red, aunque la tocó, al final gracias a una derecha suya, hacía que el griego estrellase su revés en la red y dejaría escapar la ocasión de llevarse el título.
Nadal, con mucho sufrimiento, acabaría igualando a 5, y parecía que el set estaba abocado a un tie-break, pero esta vez no fue así. Ahora el manacorí apretaría al resto a Tsitsipas, que tenía la presión de conseguir el juego con su saque, para, al menos, asegurarse el tie-break.
Tras un 15-40 que salvó Tsitsipas, acabaría perdiendo el juego con una derecha que se iba al pasillo claramente, y Nadal, que le había costado un mundo poder quebrarle, se vería ahora él con la presión de cerrar el partido y el torneo con su saque, ese que había sido tan irregular durante el Godó.
A pesar de cometer otra doble falta, y de dejar al griego la posibilidad de igualar a 5, acabaría tirándose al suelo como otras tantas veces gracias a otra derecha del heleno que se fue fuera.
Nadal celebraba este título, el 87 en su carrera, el 22 en la categoría ATP 500 y el 12 en ese torneo, el Conde de Godó, habiendo sufrido muchísimo, habiendo salvado una bola de partido (también desperdició él 2) y con la satisfacción de que esta semana había una mejoría que no se vio en Montecarlo.
Un paso más hacia el gran objetivo de esta gira, que no es más ni menos que Roland Garros, con las próximas paradas en los M1000 de Madrid y Roma.
¿Llegará el tenista de Manacor con otro título más debajo del brazo antes de su Grand Slam favorito? En unas semanas saldremos de dudas.