Pablo Tornel
Título original: The Green Fog
Año: 2017
País: Estados Unidos
Dirección: Guy Maddin
Música: Jacob Garchik
Una de las características más fascinantes del medio audiovisual es la ausencia de límites. A lo largo de la historia del cine se han hecho películas de todas las formas, creando mundos propios, nuevas técnicas y utilizando todo tipo de formatos. Por poner un ejemplo, Loving Vincent (2017). Esta es una película animada a través de los cuadros y pinturas de 125 artistas emulando el estilo de Vincent Van Gogh.
La película de Guy Maddin, The Green Fog (2017), es una de estas cintas capaces de traspasar fronteras. En esta el director canadiense utiliza material de distintas series y películas rodadas en la Bahía de San Francisco para recrear Vértigo (1957) de Alfred Hitchcock.
La dualidad de esta cinta es llamativa. Para recrear la célebre película de Hitchcock parte de planos y escenas que conformaron productos comerciales y populares en su época. Sin embargo, arrebatados de su contexto original, pasan a formar parte de una película totalmente experimental, y en ocasiones extraña.
Su significado original desaparece pues desde el primer minuto los recuerdos de Vértigo (2017) colonizan cada parte del metraje. Humphrey Bogart y Sidney Poitier dejan de ser ellos mismos, y se convierten en la representación de Scottie, el personaje interpretado por James Stewart en la historia original.
De esta historia original, y pese a las evidentes diferencias entre el filme de Guy Maddin y el de Alfred Hitchcok, hay mucho en la recreación. No solo en cuanto a la propia imagen, pues en The Green Fog (2017) el director le otorga una gran relevancia al uso del color verde y de las flores, sino también en cuanto a la intención de Hitchcock.
El director inglés trató en Vértigo (1957) la importancia de la mirada y de la perspectiva desde un punto de vista voyeur. En la cinta de Guy Maddin este tema aparece continuamente. Sus escenas aparentemente inconexas se unen entre sí a través de un personaje que las mira desde una pantalla o las escucha a través de un micrófono oculto. Cada secuencia invade la privacidad de la otra jugando con lo meta-cinematográfico, en una meditación sobre lo que el cine es.
Lo que también une a estas dos películas es su genialidad, pues las dos son obras excelsas, envueltas en una misteriosa niebla verde que las convierte en una trampa de insectos para cinéfilos.