Pablo Tornel
Más allá de las raves, la monotonía rítmica y los psicotrópicos existe otro tipo de electrónica. Una electrónica más compleja e interesante, llena de novedades técnicas, invenciones y estilo propio.
Para denominar a este tipo de música se creó el concepto de Intelligent Dance Music o IDM. Las características más comunes de este subgénero de la electrónica son la importancia de lo onírico, las influencias del primer techno nacido en Detroit y la deriva de la música ambient. Sin embargo, este término es aborrecible. ¿Qué sugiere la palabra “Intelligent”? ¿Qué los que hacen otro tipo de electrónica son menos brillantes, y, por ende, su obra? El elitismo es uno de los peores síntomas de la ignorancia. La “alta cultura” y “baja cultura” no existen.
Esta división no es más que el producto de un complejo. Tanto los que gustan del cine de superhéroes como de los cortos de Jean-Claude Rousseau tienen el mismo derecho a ver, disfrutar e incluso crear. Es vergonzoso que aún hoy día alguien pueda hacer distinciones, mirar por encima del hombro y vanagloriarse de sus gustos. Esto lo dice alguien que en artículos anteriores ha criticado al cine de superhéroes.
No obstante, hay que distinguir entre una crítica que consigue, o que más bien intenta, hacer reflexionar, y otra que consiste en lanzar nombres a la cara del otro, utilizados como escudo frente a la falta de argumentos.
En el ejemplo del IDM, artistas etiquetados en este género como Aphex Twin, Cylob y Mike Paradinas han criticado el término de manera incansable. Sería absurdo no pensar así.
Tendemos a pensar que una canción, una película… no es buena cuando lo que de verdad ocurre es que no nos llama la atención o no nos gusta. No hay ningún problema en que algo no te guste y lo exteriorices. El problema se presenta cuando se generaliza, se estigmatiza y se ridiculiza. No a los que se creen superiores, pues todos somos una mierda.