Pablo Tornel
El término misterio es definido como un hecho o cosa cuyo origen no tiene explicación razonable. Bajo esta definición, también sería un misterio el que siempre se te pierdan los calcetines de distinto par. No obstante, para dejar fuera aspectos tan banales de la vida corriente habría que añadir a la definición que es de vital importancia que el misterio genere una curiosidad atrayente, que deje en tu cerebro una necesidad imperiosa de ser resuelto porque la curiosidad no te deja vivir. Obviamente, esta sensación es subjetiva, por lo que en este artículo voy a tratar dos misterios que me hagan llegar a ese estado de urgencia.
Uno de los misterios que más me fascinan, a mí y a millones de personas durante 500 años, es La Gioconda, el cuadro mundialmente conocido del pintor y mil cosas más Leonardo Da Vinci. Lejos de la ficción conspiranoica de Dan Brown, este cuadro está envuelto en un halo de misterio, desde quién fue la mujer que sirvió de modelo para Da Vinci, sus ojos que parecen seguirte y su sonrisa o la ausencia de esta.
En unas notas escritas por el propio pintor italiano, este describe el vuelo de una libélula con una precisión increíble e imposible para la mayoría de ser humanos. Su descripción se confirmó en el siglo XX, gracias a las cámaras. La teoría más aceptada en cuanto a la intrigante sonrisa afirma que la sonrisa de la Mona Lisa no era una sonrisa como tal, sino el gesto que realiza una persona momentos antes de sonreír. Esta inhumana capacidad visual de Leonardo Da Vinci es explicada por el concepto de la frecuencia crítica de fusión de parpadeo, es decir, la frecuencia a la que una luz parpadeante es vista como continua por el ser humano. La frecuencia de la mayoría oscila entre cifras de 20 a 40 flashes por segundo, mientras que algunas personas más receptivas pueden llegar a 50.
Del 1503 avanzamos hasta el martes 17 de marzo de 2021 para abordar otro misterio inaudito. Este es el misterio del Chelsea – Atlético de Madrid. Mientras que el genio y el talento de Leonardo Da Vinci eran protagonistas de la primera intriga, de este lo son la falta de ganas, de voluntad y de motivación. ¿Cómo unos jugadores pueden ser superados de manera tan clamorosa por otros que no son mejores? Es digno de salir en el próximo programa de Iker Jiménez. Aunque probablemente no lo emitirían por el contenido explícito y terrorífico que se ha visto en el terreno de juego. Demasiado para aparecer en la televisión nacional en prime time.
El juego de los colchoneros ha sido inexistente, sin garra, sin corazón, sin alma. Nada ver con el partido del año pasado en Anfield. Ese partido, Liverpool – Atlético de Madrid, me volvió a enamorar del fútbol. El visto ayer me entristece.
Si tuviese la capacidad visual de Leonardo Da Vinci me resultaría difícil ver una película o un programa de televisión, pues la frecuencia crítica de fusión de pardeo me impediría ver las imágenes en movimiento. Solo conseguiría ver imágenes separadas proyectándose rápidamente. Aunque después de ver el partido del Atlético de Madrid contra el Chelsea, casi que ojalá.