Pablo Tornel
Para un artista, el bloqueo es lo peor que puede ocurrir. Uno puede pensar que un mal cuadro o disco puede ser peor, pero la frustración de no saber qué hacer es miserable. Sobre todo, cuando todo está dispuesto excepto tu cerebro. La productora está esperando el guion que llevas meses retrasando, la editorial un manuscrito, y, sin embargo, no se puede cumplir con ningún plazo por la falta de ideas. Esto puede destruir la confianza en uno mismo y la motivación de querer seguir creando.
Uno de los artistas que ha sufrido de este mal es Kevin Shields; compositor, guitarrista, cantante, letrista, productor y miembro de la banda irlandesa My Bloody Valentine. Considerado por la revista Rolling Stones como uno de los cien mejores guitarristas de toda la historia, él es algo más que eso. Es un artista completo y comprometido, para nada conformista, que siempre busca hacer el mejor disco posible. Esta característica suya tan poco frecuente hoy en día fue una de las causantes de su largo bloqueo. Otro causante, quizás el de mayor responsabilidad, fue el disco Loveless (1991).
Tras varios fracasos, Kevin Shields y su grupo My Bloody Valentine consiguieron firmar por la discográfica Creation Records. Esta compañía, en un tremendo acto de desconocimiento, creyó que el disco estaría listo en cinco días. En su lugar, el grupo tardó en grabarlo dos años. Y cuando me refiero al grupo hablo de Kevin Shields. Este tenía una idea clara de cómo iba a ser el disco, demasiado compleja para él explicarla y el resto del grupo realizarla. Por lo que el disco es casi en su totalidad compuesto y tocado por él.
Su idea era crear una música muy atmosférica, utilizando guitarras muy distorsionadas, samples y técnicas minimalistas. El resultado es un disco muy compacto, con sonidos intrigantes, estructuras simples y una mezcla de sensaciones que comprenden desde la inquietud a la relajación.
Debido a la vocación experimental del álbum su autor pensó que este iba a ser un fracaso. Sin embargo, el disco recibió críticas unánimemente favorables. En estas se alabó la capacidad creativa del músico irlandés, su particular estilo de tocar la guitarra y los sonidos que es capaz de extraer de ella.
Esta sorpresa generó gran expectación por el siguiente disco My Bloody Valentine. Entonces Kevin Shields sufrió su bloqueo. El grupo se separó y él se aisló. Él mismo asegura que durante este aislamiento llegó a perder la cabeza. Algo que recuerda a los casos de Syd Barret y Brian Wilson.
Su obsesión era la de no hacer un disco peor que Loveless. Hasta tal punto que se rindió y dejó de componer para sí mismo. Durante este hiato, sin embargo, sí compuso para otras personas. Por ejemplo, la banda sonora de Lost in Translation (2003) de Sofía Coppola, por la cual fue nominado a varios premios y galardones.
Si la composición y grabación del segundo disco de My Bloody Valentine duró dos años, 22 duró m b v (2013) el disco que por fin sucedió al gran Loveless. Como Andy Kaufman y Claude Monet, Kevin Shields consiguió superar el bloqueo artístico, creando un álbum distinto a su antecesor y de una gran calidad que hace que merezcan la pena todos los años de espera.