Pablo Tornel
Título original: Paris Blues
Año: 1961
País: Estados Unidos
Dirección: Martin Ritt
Guion: Walter Bernstein, Grimes Grice, Jack Sher (Novela: Harold Flender)
Música: Duke Ellington
Fotografía: Christian Matras (B&W)
Reparto: Paul Newman, Joanne Woodward, Sidney Poitier, Diahann Carroll, Louis Armstrong
Esta es una historia de cobardía. No me refiero al tema que trata la película, sino el que iba a tratar, el amor interracial. La novela en la que Paris Blues (1961) está basada, y el guion original de esta, lo tratan. Sin embargo, en el último momento la productora United Artists obligó a cambiarlo, argumentando que el público estadounidense no estaba preparado para ver una historia de amor interracial. Tuvieran razón o no, este acto de cobardía lastra una película que podría haber sido una de las más relevantes de los años 60, y que, sin embargo, ahora está olvidada. Y no injustamente.
Narra las desventuras románticas de dos norteamericanos que son músicos de jazz y tocan en un club nocturno de París. Ram (Paul Newman) va a la estación de San Lázaro a esperar al gran trompetista Wild Man Mooer (Louis Armstrong). Allí conoce a dos turistas, Connie (Diahann Carroll) y Lillian (Joanne Woodward), y las invita a ir al club donde toca. Por su parte, Wild Man le ha prometido que hará llegar su partitura a un importante empresario.
Al principio de la cinta se plantea este romance, entre Ram Bowen y la joven maestra afroamericana Connie. Sin embargo, no llega a producirse no se sabe muy bien por qué. El afroamericano acaba con la afroamericana y el blanco acaba con la blanca.
No obstante, el amor que siente Lillian sí está justificado en una de las mejores escenas de la película, si no la mejor. En esta el montaje fluido marida a la perfección con la suave música de jazz que tocan Ram, Eddie y su banda. Martin Ritt construye esta escena de manera muy acertada, pasando del plano general de los músicos a un travelling lateral del público extasiado por la música que escuchan. Tras esto, en el clímax de la pieza, el director encuadra en un primer plano a Paul Newman disfrutando y sintiendo la música que toca. Inmediatamente después, aparece en primer plano Lillian, totalmente absorta por la actuación de Ram, con los ojos acuosos, siendo transportada a otro lugar lejos de ese club parisino lleno de humo y alcohol.
Un factor clave en esta escena, y en la película en general, es la banda sonora de Duke Ellington. El Duque del Jazz firma una excelente banda sonora, la cual le sirvió para ser nominado a un Oscar a la Mejor Banda Sonora, galardón perdido, como no podía ser de otra manera, por la banda sonora de West Side Story (1961). Esta música es capaz de trasladarte al París de aquella época, cuya música oficial era el jazz. Una ciudad, que al igual que Viena en Before Sunrise (1995), Roma en Estación Termini (1953), y Venecia en Locuras de Verano (1955), es testigo del romance de los protagonistas, proporcionándoles un escenario idílico en el que vivir su amor y su desamor. No puede faltar, como en las otras películas mencionadas, el final en la estación de tren.
Un final al que se le ven las costuras. Como a la película. Ni la cámara fluida de Martin Ritt, ni la música de Duke Ellington, ni tan siquiera París, pueden remontar una película lastrada por la falta de valor. Esta decisión se alinea con un guion ambiguo y estructuralmente débil en el que no hay justificación alguna de por qué pasa lo que pasa, exceptuando al personaje de Paul Newman, que no es más que un arquetipo de músico con mal carácter y obsesión por el éxito.
Esto habría sido distinto si United Artists hubiese apostado por la trama original, otorgándole una capa más profunda a la película, haciéndola más compleja e interesante. Tampoco era un acto tan valiente, pues seis años después el mismo Sidney Poitier actuó en Adivina quien viene a cenar esta noche (1967), la primera superproducción hollywoodiense que trataba sin tapujas el amor interracial. La cinta dirigida por Stanley Kramer recibió 10 nominaciones en los Oscar y cosechó un gran éxito comercial, además de pasar a la historia. Al contrario que Paris Blues.