La última cabalgada de una leyenda

Raúl García

En el artículo de ayer acabamos en la parte donde el protagonista de esta historia y de este videojuego, contraía una enfermedad que era incurable en aquellos tiempos, la tuberculosis, y que, a partir de este trágico suceso, la historia, y, por ende, el videojuego, dan un giro dramático donde ya no habrá marcha atrás.

Desenlace: Es irónico, y curioso al mismo tiempo, que después de pasar por muchos tiroteos, por muchas peleas y por muchos conflictos, sea una enfermedad que contrajo cuando fue a cobrar el dinero de un préstamo a un hombre llamado Thomas Downes, que estaba enfermo de tuberculosis, y después de pegarle una tremenda paliza por no haber pagado lo que debía, mientras no podía apenas mantenerse en pie, tose en la cara de Arthur sin saber que, a partir de ese momento, sus días estarían contados.

Es aquí cuando llega el verdadero punto de inflexión del personaje y del juego en sí, cuando se da cuenta que la parca acecha ya muy cerca suya y llega el momento de redimirse, llega el momento de vivir sus últimos días de otra manera, viendo el mundo con una perspectiva totalmente diferente.

Mientras el declive de Dutch es apoyado por Micah Bell, Arthur ve en John Marston (el protagonista del primer juego, que es una secuela de éste) una de las vías de escape para lo que le queda de vida, una salida a esa vida de fechorías que ha tenido, puesto que ve en John (que comparte los campamentos de la banda con su mejor Abigail y su hijo Jack) y en su familia una razón por la que luchar en sus últimos momentos.

Ve también en John, de alguna forma, la familia que él no pudo tener o que tuvo en su día y perdió, puesto que Arthur tuvo una mujer y un hijo a los que visitaba cada cierto tiempo para darles dinero, hasta que una vez que fue, se encontró dos tumbas en la puerta de la casa.

Arthur además ayuda a personas con las que antes había sido cruel o malvado, una de ellas, son la familia del difunto Thomas Downes, el hombre que, por accidente, le contagió de tuberculosis, que obviamente no quiere saber nada de Arthur, ya que, en buena parte, la paliza que le propinó a su marido fue otra de las causas de la muerte de éste, pero Arthur insiste en que el orgullo por no aceptar su dinero no le lleven a la terminar también muertos (él se muestra arrepentido y sabe que el dinero no arreglará su vida, pero quiere ayudar a una familia a la que causó mucho dolor y que lo está pasando realmente mal), puesto que el hijo se ha visto obligado a trabajar en las minas de Annesburg y la madre se ha visto en la necesidad de ejercer la prostitución.

Arthur recalca que no busca su perdón ni busca perdonarse así mismo, solo quiere ayudarlos y que intenten buscar una nueva vida en otro lugar, que no puede cambiar el pasado y que acciones como la que le llevó a dejar medio muerto a su marido le atormentan por las noches. Quiere redimirse.

Más acciones como estas intenta hacer Arthur para buscar una razón buena para vivir en sus últimos días, va a más gente como la familia de Downes y los intenta ayudar en lo que buenamente pueda, además, se confiesa con una monja llamada Calderón, con la que había tenido numerosos encuentros anteriormente, que tiene miedo a la muerte, y le cuenta la dura vida que ha tenido, llegando a decir que vio morir a su padre, aunque hubiera deseado que pasara antes, Arthur empieza a temer por su vida porque sabe que le queda muy poco tiempo, está asustado y no quiere que llegue ese momento, el lado más humano del personaje se ve en estos diálogos con la monja.

Pero Arthur insiste en decirle a John que no mire atrás y que cuando todo esto se haya acabado (el último golpe de la banda) coja a su familia y busque una nueva vida mejor para ellos.

Al final de la historia, Arthur junto con una compañera del campamento, Sadie Adler, van en busca de Abigail, la mujer de John, para rescatarla, puesto que se la llevaron presa cuando la banda estaba pegando su último gran golpe, robando el tren que transportaba el sueldo de los soldados del ejército, y tras rescatarla, no sin pasarlo mal, se despide de las dos mujeres y cabalga hacia el campamento mientras suena «That’s the way it is”, sabiendo que esta era su última cabalgada.

Cuando llegan, tras acusar a Micah Bell de ser el soplón que estaba compinchado con los Pinkerton desde que volvieron de Guarma, la banda se divide finalmente, quedándose dos bandos muy diferenciados, el de Arthur y John contra el resto, es cuando aparecen muchísimos agentes de Pinkerton que acosan a la banda, y que obligan a Arthur y John a escapar por las cuevas donde estaban asentados y huyen de, ahora, sus enemigos, sus antiguos compañeros y los propios Pinkerton.

Tras un buen rato huyendo, donde Arthur pierde su caballo tras un disparo, llegan a un momento donde éste no puede seguir corriendo más debido a que su enfermedad está ya pudiendo con él y no puede dar más de sí, he de decir que justo antes de que esto pase, el juego nos ofrece dos alternativas, volver al campamento en busca del dinero de la banda o ayudar a John a escapar, además, dependiendo del honor que tuvieras en el juego, el desenlace variará un poco, así que todo lo que estoy escribiendo y voy a escribir es en base a ayudar a John con un honor alto, puesto que me parece el final más fiel.

En el momento donde Arthur expresa que ya no puede seguir huyendo, le dice a John que saben que ambos no saldrán con vida de esto, así que coge su sombrero, su zurrón y sus objetos personales y se los da a John, convenciéndole de que los coja y se vaya a por su familia, que él retendrá a los Pinkerton y compañía mientras escapa, es decir, se sacrifica para que su compañero pueda tener la vida que él deseo, pero no obtuvo.

John se va sabiendo que es la última vez que vería a Arthur, y éste aguanta como puede las embestidas de los Pinkerton hasta que, por sorpresa, aparece Micah Bell para pelear en una lucha final, donde el pobre Arthur intenta aguantar como buenamente puede, pero las consecuencias de su enfermedad son ya muy graves y justo antes de que Bell acabe con él, aparece su mentor, Dutch, para poner fin a todo esto.

Arthur sigue insistiendo en que Micah Bell es el soplón, y que todos habían perdido, excepto John, que es el único que había conseguido lo que realmente quería, mientras Dutch se va, con clara muestras de tristeza, por el un lado de la montaña, Micah se va rabioso por el otro lado porque Dutch no ha decidido irse con él, mientras, nuestro protagonista se arrastra como puede hasta un lateral de la montaña para ver el amanecer mientras su vida se apaga finalmente, sabiendo, al menos, que su último propósito había sido conseguido.

¿O quizás no?

Una vez que fallece Arthur, el juego nos muestra el epílogo que está estrechamente relacionado con el primer juego (la transición de un juego a otro es clara) y se dan una serie de sucesos que dan lugar al comienzo del juego donde manejamos a John Marston como protagonista, y es curioso, porque, durante el desarrollo de este juego, Arthur había hablado varias veces que la venganza es un juego de idiotas y que no trae nada bueno, John, ignorando esto, durante el epílogo, va en busca de Micah para asesinarlo, y, tras conseguirlo con la ayuda de Dutch, se acaba el juego, sin embargo, en las escenas post-créditos, vemos como Edgar Ross, un agente de Pinkerton, antagonista principal del primer Red Dead Redemption, descubre el cadáver de Bell en las montañas, y esto le hace investigar su muerte, que acaba llevándole hasta la casa de John, que acabará no demasiado bien cuando este agente secuestre a su familia con el objetivo de que John acabe con el resto de miembros de su banda.

Es irónico, que al final el sacrificio de Arthur fue, en buena parte, en vano, puesto que, aunque John gozó de la vida que él quería durante unos años, la venganza, cosa que no aprobaba el difunto Morgan, acabó más adelante con su vida.

La vida de Arthur Morgan llegó a su fin, pero su legado no morirá nunca.

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