Pablo Tornel
¿Qué ocurriría si juntases nativos americanos, dinamita, música y mitología vikinga? Obtendrías una de las personas más libres y creativas que ha vivido sobre la faz de la tierra. Músico, poeta, vagabundo, oráculo, inventor, y desgraciadamente, atracción de feria para los habitantes de Nueva York y los turistas, en cuyas guías aparecía como un loco disfrazado de vikingo que vive en la sexta avenida.
Moondog, o Louis Thomas Hardin, nació en el seno de una familia desestructurada y ultra religiosa. Vivió su infancia bajo una estricta moral episcopaliana, con un padre estricto y una madre ausente. Dos momentos fueron clave en definir lo que sería Moondog después. El primero, cuando de niño su padre le llevó al Arapaho Sun Dance para que viese un rito musical ofrecido por indios nativos americanos. Mientras el padre intentaba convertirlos al cristianismo, el jefe de la tribu sentó al pequeño Louis en su regazo y le dio un instrumento percusivo para que tocase como uno más. Los complejos ritmos nativo-americanos fueron una gran influencia para Moondog, aburrido del 4/4. El segundo ocurrió cuando tenía 16 años. En el campo al lado de su casa vio un artefacto que atrajo su interés. Manejándolo sin saber lo que era le explotó en la cara. Louis sobrevivió de milagro, sin embargo, la dinamita le dejó ciego de por vida.
Estudiando en varias escuelas para ciegos empezó a interesarse en la música. Entró en varias academias las cuales abandonó por su inflexibilidad. Se convirtió en autodidacta, aprendió de libros en braille a componer y a entrenar su oído musical. Louis creyó que en Nueva York encontraría la libertad que nunca obtuvo. Y así fue. Aunque la tan ansiada libertad tenía un precio, vivir en condiciones duras y precarias.
Louis llegó con los pelos largos, la barba hasta el pecho y la intención de dedicarse únicamente a la música. Con esta y con la poesía lograba sobrevivir, al principio, viviendo en un piso del tamaño de un armario. El traducir sus composiciones musicales del braille a partituras le costaba casi todo el poco dinero que reunía, por lo que decidió vivir en la calle. Normalmente realizaba actuaciones en la sexta avenida, donde reunía a neoyorkinos, turistas, músicos de jazz como Charlie Parker, y a los directores de orquesta Leonard Bernstein, Igor Stravinski y Arturo Toscanini, los cuales se tomaban muy en serio las obras del todavía llamado Louis Thomas Hardin.
Debido a las numerosas comparaciones con Jesucristo por su aspecto, del cual se quería desligar por su rechazo a la religión cristiana, y a su interés por la mitología vikinga, decidió llevar cuernos sobre su cabeza, una capa y botas hechas a mano. Con este cambio de vestimenta vino el de nombre. Según él, homenajeando a un perro que conoció, el cual aullaba a la luna más que cualquier otro perro, decidió llamarse Moondog. Así nació una persona que vivió como quiso y que siempre hizo las cosas a su manera.
Cuando recitaba su poesía congregaba a estudiantes de literatura de las mejores escuelas. Cuando tocaba música, a músicos de jazz, músicos clásicos y directores orquestas. Lo admiraban por la complejidad de su obra enmascarada en aparente simpleza, por su autenticidad y su valor vanguardista. En sus grabaciones introdujo el piar de los pájaros, el silbato de un policía y las calles de Nueva York. La ciudad era su obra y Moondog la obra de la ciudad. Convivían en perfecta simbiosis. Aunque la gran manzana nunca se lo puse fácil.
Pese al constante fluir de las personas que al cabo del día paraban su rutina para verle, siempre se sintió solo. El frío, la precariedad y las vejaciones que sufría a lo largo del día, junto con la soledad, nunca hicieron mella en su carácter. Era una especia de Diógenes. Siempre yendo a contracorriente, como entrando a un teatro del que los demás salen. Y viceversa. En cuanto a posesiones, pobre, y en cuanto al espíritu, una de las personas más ricas del planeta.
Una especie de profeta pagano que influyó en la percusión del jazz, en el inicio del minimalismo musical y en el actual lofi jazz que usan los estudiantes en cada convocatoria de exámenes.
El creía que sus raíces ancestrales estaban en Europa, Alemania en concreto. Allí se mudó abandonando Nueva York, y encontrando en el viejo continente el cariño y el éxito que nuca tuvo en Estados Unidos. También encontró una familia admiradora de su talento musical donde encontró un hogar tardío donde vivió el resto de sus días. Murió con 83 años, después de vivir la vida que el eligió, una vida plena, fértil y envidiable. La libertad hecha persona, un artista de otro tiempo, un espíritu en continua búsqueda. Un perro que de manera contaste aúlla a la luna.