Una Navidad un tanto peculiar

Lorena López

Posiblemente esta sea la Navidad más extraña que hayamos vivido, ha sido un año difícil y nada de lo que esperábamos que pasará cuando celebrábamos las campanadas anteriores con nuestra familiares y amigos.

Ha sido un año de cambios, de nuevas posibilidades, hemos aprendido a juntarnos menos, pero querernos mejor, hemos comprendido el valor que tiene la vida, para los que aún seguimos conservándola. Hemos aplaudido a las personas que nos cuidan y hemos llorado las muertes de los que nos han dejado sin culpa.

El bicho no nos ha hecho olvidar la alegría de una buena copa con tus amigos, una cena con tu pareja, el sentimiento al ver a tus abuelos sonreír, una comida en el campo con tu familia y aunque se empeñe en jodernos vivos, no lo conseguirá.

Las personas tenemos ese don de resiliencia que nos hace hacernos más fuertes en las peores situaciones. Y es que desde los tiempos de la guerra se conoce como el amor más fuerte es que aguanta pese a la distancia, la amada que seguía esperando a su prometido esperando que viniese de la guerra sin tener ni una noticia suya. Ojalá esa amada pudiera vivir en estos tiempos y hacer una video llamada con su prometido cada día para saber cuándo volvería o si estaba herido de la guerra.

Por eso me da tanta rabia cuando nos quejamos de que no podemos hacer “nuestra vida normal de antes”, cuando veo a tanta gente incumplir las normas por justificarse de que son jóvenes y de que la vida solo se vive una vez. Es cierto que la vida solo es una, y que hay que disfrutar lo que más que se pueda de ella, pero sin olvidar que los tiempos han cambiado, que hemos pasado de abrazarnos a dar el codo, que esta navidad seguramente nos tomemos las uvas en pijama, y hagamos una house party en video llamada, dejamos de disfrutar a lo grande para hacerlo a lo pequeño, pero sabemos cómo seguir haciendo de lo bueno lo mejor.

En estos momentos quiero compartir también que nos acordemos de los que a pesar de que no se puede pasar la navidad en la calle, no tienen más remedio que hacerlo, que seamos más generosos con las personas de afuera, que cuidemos nuestro entorno, que protejamos a los nuestros, que felicitemos y sonriamos a todo el que se cruce en nuestro camino. Y al fin y al cabo que demos las gracias por seguir otro año más compartiendo este regalo que es la vida.

¡Y a los que me estén escuchando desde arriba decirles que nos iluminen cada día como lo están haciendo para cargarnos de fuerza!

Solo me queda decir: ¡Feliz navidad y feliz vida a todos los que estén leyendo este texto!

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