El espíritu navideño

Rosalía Pacheco Pérez

Enciendo la televisión y lo primero que veo son unas imágenes de aglomeraciones de gente en
ciudades como Madrid y Barcelona con motivo de la llegada de la Navidad y el Black Friday.
Cientos de personas que se lanzan a las calles a salvar el tan inapelable espíritu navideño. Parece
mentira que fuera tan solo hace unos meses cuando una pandemia llegaba a nuestras vidas y rompía todos nuestros esquemas. Un virus que nos arrebató la libertad de salir pero que nos enseñó el valor de los pequeños momentos y la inabarcable fuerza de una sociedad unida y responsable que se quedaba en casa por el bien común y conseguía todo lo que se proponía. Todo eso parece haber quedado atrás. Los aplausos a los sanitarios y los cantos al ritmo del mítico “Resistiré” son un vago recuerdo, un espejismo de algo que parece haber ocurrido en otra vida pasada, totalmente ajena a nuestro presente. Los héroes del hoy vuelven a ser los mismos de siempre, nos olvidamos de la labor y el sacrificio de los auténticos ídolos y no rendimos culto ni lloramos a las personas que realmente lo merecen, las que ya no están y nos ha ido arrebatando la Covid. El individualismo vuelve a ser el protagonista estrella en una sociedad carente de empatía, pero eso sí, rebosante de espíritu navideño.
Salvar la Navidad se ha convertido en una misión de mayor importancia que salvar la vida de miles
de personas, las vidas de nuestros familiares, de nuestros amigos, nuestras propias vidas. Unas
fechas señaladas que se disfrutarán al máximo y en las que se erigirá un pacto de olvido que
silenciará a todas aquellas personas que ya no tienen la oportunidad de alzar su voz para
recordarnos que la Covid no entiende ni de fechas ni de clases sociales ni de edades, simplemente
ataca sin ningún tipo de discriminación y nadie está exento de su embate. La Navidad pasará pero el virus seguirá aquí, impertérrito, observando cómo dejamos escapar el último soplo de esperanza y humanidad que nos queda y que tanto necesitamos. El espíritu navideño permanecerá intacto pero el humano, ese que realmente salva vidas y cambia realidades, nos lo hemos olvidado en casa al salir por la puerta y hemos cerrado con llave para que no nos alcance.

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