Pablo Martínez
En la noche
Cañones a toda vela para oídos sordos.
El ruido enciende recuerdos,
los niños acuden a la llamada
pero yo me mantengo inerte,
imagino aviones de odio
en la misma ciudad
donde ellos sueñan con barcos pirata.
Más por misterio que por ilusión,
recorro tres pasos hacia el ventanal
a esperas de lo que será otra tragicomedia
firmada por Londres.
El dedal se convierte en medida de tiempo,
atado de pies y conciencia,
me encuentro sobrevolando la ciudad que me vio nacer
con el gran reloj como espectador,
una voz grave retumba,
“segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer”
y yo que nunca creí en piratas.
Botellas llenas
Botellas llenas para cabezas vacías,
el animal se viste de hombre
cuando el alcohol
y la euforia
presiden la velada.
Mi cobardía me hace valiente,
y en un atisbo de locura
me tiro a la nada de cabeza,
pues nunca supe caer de otro modo.
Abro los ojos a la par que los miedos.
No sé cuánto he dormido ni dónde estoy.
Este lugar no es más que una infinidad de sueños rotos
pero me hace sentir como en casa,
aunque aquí no este Wendy…
no entiendo nada.
Niños de todos los colores me observan detenidamente
-¿Eres tú?
-¿Yo, quién?
Dicen que son perdidos y que me añoran,
aún sin conocerme.
Quizás yo no sea triste,
quizás nunca me haya conocido.
Las manos me tapan los ojos,
yo no creo nada
aunque tenga un mundo a mis pies.
Infantiles canciones
para sirenas de cuento ,
vuelos sin alas de niños sin padres y
luciérnagas que hablan,
nunca imaginé que la muerte sería tan bonita.
Solo dos noches
Han pasado solo dos noches desde que llegué,
juraría que han sido años.
Tengo tantas preguntas
que me dan igual las respuestas,
el ser feliz nunca respondió al “por qué”.
El capitán de aquel naufragio de los cielos,
extiende un ancla que sujetará
sus cuerpos,
pero jamás sus vidas.
Me dice que no cumplí mi palabra,
que crecí como lo hacen todos.
Más que en la boca, es de realidad el golpe,
me rió y él también se da cuenta.
Corro al encuentro,
su oxidado garfio es recuerdo de otros días.
“Hasta siempre Peter”
Y al final
La cama se baña en sudor
y yo rompo las sábanas.
Los niños perdidos siempre nos encontramos,
en Nunca Jamás.