María del Mar Hellín
Olvidé mi nombre con todas sus letras.
Olvidé todo lo que ese nombre me había dicho a lo largo de los años.
Olvidé mi nombre y me ahogué con él.
Llegó entonces el olvido absoluto y es ahora, el recuerdo constante en el que vivo.
Soy la fiel compañera de mi propio olvido,
de todo lo que se desvaneció cuando dejé al pasado en lo incomprendido.
Con el transcurso de los años entendí que el olvido me haría desaparecer,
pero olvidé mi nombre y no soy capaz de encontrarlo en un mundo que carece de significado.
Mi nombre se fue y yo quedé perdida ante esta inmensidad,
y hoy el olvido se ha convertido en mi eternidad.