«Aún en agraz», reseña de Las moras agraces, de Carmen Jodra

Jesús Miguel Pacheco Pérez

Carmen Jodra Davó (Madrid, 1980-2019) publicó el poemario Las moras agraces (Hiperión, 1999), libro galardonado con el XIV Premio de Poesía Hiperión. Tras casi veinte años, en 2018, Carmen se reunió con la editora, Elena Medel, y acordaron reeditar este poemario. Por desgracia, Carmen falleció en 2019. Sin embargo, se publicó de nuevo Las moras agraces (La Bella Varsovia, 2020) en una reedición a la que se le suman al poemario una serie de diez interesantísimas décimas bajo el título de «Hecatombe» escrita a sus diecisiete años, casi al mismo tiempo que el poemario, y que resultó ganadora del II Premio de Poesía «María Dolores Mañas».

A la hora de hablar de Las moras agraces —buscando una descripción precisa— es inevitable pensar en la edad de la autora (disculpadme, no quiero pecar de paternalismos), pues a los diecisiete años logró un poemario capaz de conjugar la perfección formal y la inserción exacta del ambiente grecolatino en su vida diaria.

Carmen Jodra hace tan suya a la mitología que el lector no necesita conocerla para comprenderla. Ejemplo de ello es el poema «Amor y Psique», donde no es necesario haber leído el relato mitológico para disfrutar de un poema en el que también aparece la tradición popular de los villancicos con versos como «la diosa se está peinando / entre cortina y cortina; / los cabellos son de oro, / el peine de plata fina / y entre pasada y pasada / toma néctar y ambrosía», porque no solo nos habla de la mitología grecolatina, aunque ocupa buena parte del libro, sino que la literatura barroca también se abre paso entre sus versos, al igual que la poesía maldita de autores como Baudelaire o Rimbaud y la vanguardia más pura del Altazor.

A lo largo del poemario se mantiene un tono irónico a la par de crítico, con distintos cambios en la estructura de los poemas, desde el soneto hasta otras formas de métrica y rima, y alude constantemente a la teatralización de la vida cotidiana, la cual supone el objeto central de la crítica y el absurdo que quiere mostrarnos la autora. Encontramos, además, una época negra que nos recuerda a la pintura de Goya, con su serie del «Ciclo satánico».

Por otro lado, volviendo al tema de la forma, uno de los mayores aciertos del libro es el uso del soneto, métrica clásica que en más de una ocasión se ha visto criticado recientemente por estar «pasado de moda», en completo desuso y sin interés. Jodra nos demuestra que esta afirmación es completamente falsa gracias a los sonetos que nos regala en este libro, como los que se encuentran en «Concupiscencia», tres magníficos sonetos en los que mantiene el tono perfectamente hilado con la temática y las referencias a la mitología, demostrando un dominio excepcional de la métrica que se inserta en el siglo XXI sin causar ningún tipo de extrañamiento en la poesía contemporánea más allá de la admiración.

Sin embargo, si hay que señalar un poema como nuclear en el libro, este poema es «!», un texto en el que la autora expone la realidad sin máscaras ni idealismos, muestra la crudeza de la vida suponiendo un punto de inflexión entre los poemas anteriores y los siguientes. La mayor dosis de realismo del libro está en este poema, en versos como «El drama es mil veces más viejo / que tú» o el directísimo memento mori en «Déjate estar. / La muerte te vendrá a buscar». Aparece en este poema el objeto que da título al libro, las moras agraces como negación de la madurez, la imposibilidad, lo estéril.

A partir de este poema encontramos un tono más turbio y crítico que se termina de consumar en el apartado «La vida real y otros poemas», cuyo poema inicial es «Escena», un diálogo crudo, sin giros retóricos más allá de la rima, una introducción dura al realismo que se mantendrá en los poemas siguientes hasta llegar a «Post mortem», que sería el último poema del libro si no fuera por el nuevo apartado, «Hecatombe», décimas que relajan la tensión dura con la que acababa el libro ofreciendo un bálsamo en diez poemas que expresan anhelos en ambientes con mayor iluminación, más claros, con los que Las moras agraces cierran un poemario limpio, casi como una escultura de mármol, donde la perfección formal y la conjunción temática entre los paralelismos clásicos y contemporáneos logran un poemario vivísimo, una obra de claroscuros, de crítica, de ironía; en suma, un libro profundamente inteligente y lleno de pasión.

CONCUPISCENCIA

I

Será un centauro, un ser hermafrodita,

el toro violador y la paloma,

con las mórbidas formas de una poma

y el escudo anguloso de un escita.

Será otro yo, y así, será exquisita

la unión. No dejaremos ni una coma

en donde estaba antes, y aun la Roma

de Nerón aparecerá marchita.

¿«Noverat iam luxuriam…»? Las bacantes

serán vestales, y piadosas preces

sus gritos: ¡nadie gana a dos estetas!

Danzando sobre él con pies sangrantes,

quebraremos mil veces y mil veces

el cristal que cantaron los poetas.

Título: Las moras agraces

Editorial: La Bella Varsovia

Fecha de edición: 2020

Nº de páginas: 92

Precio: 12’00 €

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