En agosto del 2015 Juan y Sara comenzaban el enorme reto de sacar el plástico de sus vidas y, por el camino, desnudar sus cubos de reciclaje frente a todo aquel que quisiera verlo y aprender del proceso que viven hacia una vida más ecológica.
¿Por qué vivir sin plástico?
Está claro que motivos no faltan y a mí se me ocurren miles de razones pero, contadme, ¿qué es lo que os impulsa a evitar el plástico y cómo nace la idea del reto? Siempre nos ha molestado generar muchos desechos y tirar nuestros residuos a la basura o al contenedor de reciclaje nos hace sentir fatal. Muchas veces imaginábamos la cantidad de residuos que una persona puede generar a lo largo de su vida y nos preguntamos dónde acabará todo eso. A pesar de todo, estábamos tan atolondrados con nuestras rutinas diarias que seguíamos desechando más basura de lo que queríamos y, sin ser totalmente conscientes de ello, esto nos remordía por dentro.
Esto es un reto y en menos de un año habéis hecho un cambio muy importante. ¿Cómo os veis dentro de dos años más? ¿Creéis que podréis sostener esta forma de vida en el tiempo, que podréis avanzar, que hará falta retroceder?
Cuando miramos hacia atrás es cuando nos damos cuenta de lo mucho que ha cambiado nuestra forma de consumir y de ver la vida en general. Nos cuesta reconocernos en lo que éramos hace unos cuantos meses.
Confiamos en poder seguir avanzando. Cuando empezamos todo parecía muy complicado, pero poco a poco todo se fue volviendo más sencillo. Ahora mismo no nos supone ningún esfuerzo evitar la mayoría de plásticos que antes nos parecían imprescindibles. Nuestro objetivo es llegar al residuo cero aunque no sabemos cuántos años hará falta. Sin prisa y sin tener la sensación de que nos estamos privando de nada. Al contrario, sabiendo que estamos eliminando lo superfluo.
También hay cosas que por ahora no hemos necesitado pero que en algún momento necesitaremos. Por ejemplo, encontrar unas simples sábanas o un edredón sin que vengan en una funda de plástico es difícil. Cuando llegue el día en que las necesitemos (que se va acercando) ¿qué haremos? ¿las compraremos con la funda o intentaremos comprar la tela y hacerlas nosotros mismos? Me imagino que elegiremos la primera opción. Y lo mismo ocurre con muchos productos. En algún momento, se romperán nuestros auriculares, ordenador o el móvil y tendremos que pasar por el aro de sus embalajes.

A veces es difícil conseguir el equilibrio entre los cambios de hábitos y las convenciones sociales: evitar las tensiones entre lo que uno quiere hacer y lo que hacen los otros, la oferta real si vas a comer en calle, etc. ¿Me podéis hablar un poco de cómo estáis viviendo este aspecto?
Es lo más complicado. En casa tenemos todo más o menos controlado pero cuando viene gente o salimos siempre tenemos que planear un poco las cosas. No podemos imponer nuestro estilo de vida al resto. Si vamos a casas de amigos o familiares rechazamos lo que podemos, como botellas de bebida, café de cápsulas, o cualquier dulce o galleta que vengan envasados individualmente. Pero si nos ponen una ensalada tampoco vamos a rechazarla porque imaginamos o sabemos que venía en una bolsa de plástico. En estos casos desconectamos y disfrutamos de la compañía. Luego hay otros momentos en los que somos un poco más radicales…
De todas formas, también hay una parte personalmente gratificante… Soy toda oídos. Venga, ¡hablen para contagiarnos a todos!
¡Todo son ventajas! Al principio andábamos un poco despistados buscando la forma de comprar sin plástico, pero la necesidad agudiza los sentidos y hay soluciones para casi todo. Y en el momento que cambias tus hábitos, todo se simplifica y se abre un mundo nuevo con infinidad de posibilidades.
Hemos descubierto un montón de tiendas donde se puede comprar a granel. En nuestra ciudad vamos visitando poco a poco las que descubrimos a través de internet y cuando vamos a otra ciudad, también hacemos turismo “graneril”. ¡Nos encantan! Ves la comida desnuda, sin adornos, ni artificios, ni envases inútiles. Nunca nos han gustado los supermercados, pero antes comprábamos a menudo en ellos por “comodidad” o vagancia. Ahora, raro es el día que los pisamos y ha sido una gran liberación.
Fdo: Juan Carlos Zaragoza Tomás