La que se avecina

Judith Becker

(AVISO: Este texto hace spoiler de la serie La que se avecina.)

La popular serie “La que se avecina” –también conocida como LQSA y emitida en origen en Telecinco y actualmente en FDF- más allá de ser la secuela de “Aquí no hay quien viva” de Antena 3, permanece en antena por méritos propios. La serie (igual que su antecesora) se caracteriza por describir las relaciones de una comunidad de vecinos: en la calle Desengaño los primeros y en la calle Ave del Paraíso (urbanización Mirador de Montepinar) los segundos. Aunque el público más ortodoxo canta las alabanzas de la primera parte y ridiculizan el éxito de su secuela, estos últimos, como pueden ser avalados por sus 12 temporadas y sus 170 capítulos emitidos, llegaron para quedarse. Eso sí, ha de aceptarse el disparate como base del argumento. A partir de ahí, se puede esperar cualquier cosa. Tramas enrevesadas, argumentos de lo más surrealista, personajes de manual de psicología/ psiquiatría. El desvarío es la base de la genial producción.

Al ser continuación de “Aquí no hay quien viva”, la serie hace guiños a su predecesora. Cuando se encuentran por primera vez dos personajes que ya compartieron cartel en la primera parte, se preguntan dónde han visto ellos ya a esa persona, “les suena”, tienen dejà vus. También les parece “haber visto en algún lugar” ideas originales de la serie como la de las tres mirillas en la puerta.

La variedad de los personajes es amplísima. Desde el histrionismo de Antonia San Juan como Estela Reynolds (una actriz del destape venida a menos con aires de gran diva), hasta la inestabilidad psicológica del pianista Bruno Quiroga (interpretado magistralmente por Luis Merlo), pasando por Berta Escobar (Natalie Seseña), una católica adúltera; Antonio Recio (Jordi Sánchez) el pescadero loco; Alba Recio (Víctor Palmero) que es la hija de Berta y Antonio y es una monja transexual; Judith Becker (Cristina Castaño) una joven psicóloga inestable; Enrique Pastor (José Luís Gil) un concejal con principios; la ex mujer de este cargo político, Araceli Madariaga (Isabel Ordaz) “una hoja movida por el viento”; los cuquis, Maite Figueroa y Amador Rivas (Eva Isanta y Pablo Chiapella), un matrimonio malavenido que ocasionalmente “echa un pinchito”; el vendedor de aspiradoras Leonardo Romaní (Luis Miguel Seguí); la vieja maligna Fina Palomares (Petra Martínez); el portero borderline Coque (Nacho Guerreros), la chacha ex prostituta y ex yonki Chusa (Paz Padilla); Yolanda Morcillo, modista y reina del brillo (Miren Ibarguren); Agustín (Carlos Areces) que presenta un cuadro de personalidad múltiple, todos estos entre muchos otros. Esta reseña resume las peripecias del personaje interpretado por Cristina Castaño, la inestable psicóloga Judith Becker.

Judith Becker es la propietaria del Ático A. Joven, moderna e independiente, así le gusta definirse a sí misma. Pero el caso es que es una treintañera descentrada en la vida. Es infantil e inmoral, y actúa a su conveniencia sin importar las consecuencias. Además, está absolutamente obsesionada con encontrar pareja y que no se le pase el arroz. Es conocida como la “diosa pelirroja”, la “guarrilla, también, pelirroja”, la “comecocos”, la “bichopalo” e incluso, en algún capítulo, la “patética”.

En cuanto a su profesión, toda su familia se dedica con éxito a la psicología y son autores de obras consumadas por lo que, de algún modo, ella es la oveja negra. En cuanto a la práctica de su ejercicio, la “comecocos” no atiende sin cita previa en el salón de su casa, que hace las veces de consulta, pero se le cuelan todos los vecinos para hacer terapia, de dudosa profesionalidad, a todas horas. La verdad es que aunque su terapia no sea eficaz, todos se van sin pagar, todo sea dicho.

Referente a su historial amoroso, la terapeuta se caracteriza por tener una larga lista de inicios de idilios que nunca prosperan. En un capítulo se enamora de un gay ultracatólico que la utiliza como tapadera de su affaire con un amigo de la familia también miembro del rebaño de Dios. La pelirroja es una mentirosa compulsiva, un ejemplo de ello es que antes de que se descubra la homosexualidad del devoto novio, le dice al mismo que ella es, igual que él, virgen, y que lo será hasta el matrimonio, por lo que se reconstruye el himen en una clínica de cirugía estética. Tras romper con el creyente, esta segunda virginidad le acarrea un problema y recurre a Fer, un antiguo amor platónico del insti, para que la desvirgue como le habría gustado que fuera su primera vez real, pero la cosa no va como ella espera. Al recordar el desastre de su primera primera vez, sufre de vaginismo regresivo, esto es, los músculos de su vagina se cierran y tiene dificultades para solucionar el problema.

En otra ocasión también empieza a salir con un anabolicachas obsesionado con la nutrición y el ejercicio físico, que considera una ensalada de lechuga con un chorrito de limón, una pechuga de pollo hervida sin sal y un vaso de agua una “cenita rica”. A pesar de la buena sintonía sexual que hay entre ellos (el deportista hace del sexo toda una auténtica tabla de ejercicio físico), el vigoréxico la pilla engullendo una tarta de chocolate, motivo, a su juicio, de peso para dejarla. A pesar de su delgadez, la “bichopalo” promete introducirse un balón gástrico pero el daño ya está hecho.

La diosa pelirroja mantiene también una tormentosa relación con Enrique Pastor (José Luis Gil), concejal de Juventud y Tiempo libre del municipio, hombre de principios con ansia de ser presidente de la comunidad y veinte años mayor que su “Cuchufleta”, como él la llama. Por su edad el concejal es conocido entre el grupito de amigas de Judith como papuchi y ella, antes de descubrir su relación y mientras aparenta que sus circunstancias le ocurren a una supuesta paciente suya, es la “patética” entre sus cotillas amigas. Esta relación es especialmente tormentosa para él, dada la inestabilidad de Judith y la diferencia de edad de ambos. De nuevo con sus mentiras compulsivas, la “Cuchufleta” finge estar embarazada del concejal (en realidad lleva un diu) y simula tener un fatal accidente en el que pierde al bebé. Finalmente la vil trama se descubre. Más adelante la peculiar pareja se casa y sí tiene un vástago, Dylan, como el guaperas de la exitosa serie de los noventa “Sensación de Vivir”. Luego vendrá el divorcio.

Otro de sus amantes –uno de los de más peso para ella- es el americano Trevor Simons, que finalmente, tras idas y venidas, cambia a Judith por una, supuesta granjera paleta de Wyoming, que, finalmente, resulta ser Megan, una guapa joven con una carrera prometedora a la que Judith, por celos, agrede con un “salchichazo” durante una cena y a la que intoxica echándole un sedante en la copa de vino en la misma ocasión, estando la americana embarazada.

La psicóloga también comparte lecho con el gañán del cuqui, Amador Rivas (Pablo Chiapella): “le pilló borracha y baja de defensas”; con Gabi (Daniel Muriel) un rico joven inaguantable creador de una exitosa aplicación web para ligar llamada Easydate; con Javi Maroto (Antonio Pagudo), marido de su amiga Lola (Macarena Gómez); e incluso prueba una relación lésbica con su amiga Raquel (Vanesa Romero), entre otros deslices. Siempre todo regado de alcohol, Judith sale y bebe para olvidar y ligar, aunque, a pesar de su belleza, juventud y supuesto éxito profesional, no tiene demasiado éxito con los hombres.

Más allá de su vida amorosa, las actitudes de la psicóloga no son ejemplares. En un capítulo se supera y va más allá del alcohol. Tiene una entrevista en televisión y como no le cierra la cremallera del vestido, para adelgazar rápidamente abusa de las anfetaminas creyendo que son medicina natural. Obviamente su paso por televisión es un desastre. También considera a su hijo una carga y llora de alegría al conseguir guardería, no duda en putear al conserje cuando este tiene un accidente laboral sin tener contrato, y en otra ocasión finge ser madre (antes de serlo) para evitar una multa y ligar con un policía. Pero a pesar de su falta de conciencia moral y su bajeza, no es un personaje vil sino que el espectador ríe con sus locuras e incluso siente lástima y empatiza con ella, y es que todo le sale mal.

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