Blanca Martín Garrido

Hogar dulce hogar. Los cerca de cincuenta días de confinamiento en casa con motivo del Coronavirus (o COVID-19) han acarreado consecuencias, entre ellas el síndrome recién acuñado como “de la cabaña”. Ante la situación de desescalada y gradual vuelta a la normalidad que se experimenta tras la fase crítica de la pandemia, muchos se sienten aliviados de poder abandonar sus hogares pero también los hay que presentan cuadros de ansiedad y angustia ante esta posibilidad. El motivo principal de esta ansiedad es el miedo al contagio, producido en gran medida por la influencia de los medios de comunicación y la diversa índole de las informaciones, así como por lo surrealista del panorama sanitario mundial actual, amén de la condición de hipocondría, que podría incrementar el riesgo de padecer el síndrome. Este fenómeno ya se conocía en personas encarceladas o pacientes hospitalizados largas temporadas, pero ahora se suman a ella personas socialmente normativas. Además, los síntomas de este miedo excesivo son similares a los de la depresión: tristeza, falta de atención y concentración, letargo, sueño y alimentación alterados, y aislamiento social.
Por otro lado, junto al miedo al contagio y sus derivados, los hay también que temen la vuelta a la rutina. No todo es miedo y preocupación, también hay pereza. Los hay que se han programado tan bien la estancia en casa (en cuanto a teletrabajo, ocio y cuidado de los hijos o padres) que la vuelta a la frenética rutina les asusta.
Cabe mencionar que muchas de estas personas han hecho uso de las facilidades de la red de apoyo mutuo, esto es, los cientos y miles de personas individuales o entidades que han compartido lecciones online de, por ejemplo, baile, meditación o yoga, así como ingeniosos juegos, entre los que destacan por su originalidad los de scape room para jugar desde casa a través del móvil, y visitas a galerías o exposiciones de arte de forma digital. Y es que de eso se trata, de, con todas las ayudas a mano, ser resilientes, afrontar y superar las adversidades y progresivamente ir saliendo a las calles, regresando a la normalidad, con responsabilidad y conciencia social.